
La producción cañera atraviesa un momento complejo. El incremento de los costos de producción, la caída del valor del azúcar y las dificultades que enfrentan los pequeños y medianos productores ponen en tensión la continuidad de una actividad que sostiene a miles de familias. En ese contexto, desde la Cooperativa Agrícola Pilco Ltda. destacan la importancia de la organización para defender al sector y buscar alternativas que permitan sostener el arraigo rural.
La entidad nació hace una década a partir de la iniciativa de un grupo de 14 productores que ya venían colaborando entre sí. “Veíamos que las organizaciones del sector tenían una presencia importante y que a través de ellas se podían gestionar cosas y desarrollarse mejor”, recordó Pablo Vega. Actualmente reúnen a unos 120 productores dedicados principalmente al cultivo de caña de azúcar. Se trata, en su mayoría, de explotaciones familiares de pequeña y mediana escala, con superficies que oscilan entre las cinco y las diez hectáreas.
El dirigente explicó que la cosecha realizada por los pequeños productores es mayormente semimecanizada. Una vez cumplido el ciclo de la caña, se realiza el corte manual, se acondiciona la materia prima y luego se transporta hacia los ingenios. “Las labores las realizan las propias familias. Cuando una termina su cosecha ayuda a la del vecino y así se trabaja”, describió Vega.
La organización cumple un rol clave en la comercialización. Antes de cada zafra, los asociados firman contratos comprometiendo una determinada cantidad de producción. Con esa información, la entidad negocia y firma los acuerdos con los ingenios bajo el régimen establecido por la Ley de Maquila. Según explicó el referente, el sistema establece que los productores entregan la materia prima, mientras que la industria realiza el procesamiento. Luego, ambas partes participan del resultado económico de acuerdo con porcentajes definidos por la normativa.
Sin embargo, el panorama económico se volvió cada vez más difícil. Vega comparó la situación actual con la de hace apenas algunos años. “En 2023 la bolsa de azúcar llegó a valer 28 mil pesos y el combustible costaba 300 pesos. Después los costos aumentaron de manera muy fuerte y el valor del producto cayó”, señaló.
El dirigente indicó que entre 2023 y 2025 los costos crecieron más de un 400%, mientras que el precio del azúcar no acompañó esa evolución. Como consecuencia, muchos productores apenas lograron cubrir gastos. “Hubo quienes levantaron la cosecha solamente para pagar los costos y hacer algunas labores mínimas para mantener la caña. Muchos directamente no pudieron fertilizar ni realizar todos los trabajos necesarios”, lamentó.
Para el referente, parte de los problemas se relacionan con un marco normativo que no refleja la realidad actual de la actividad. “La ley está desactualizada. Hoy de la caña de azúcar no se desperdicia nada. Se produce azúcar, alcohol, biocombustibles, papel y otros subproductos. Nosotros consideramos que los pequeños productores no participan de todo ese valor agregado”, afirmó Vega.
Por ese motivo, planteó la necesidad de revisar la normativa para lograr una distribución más equitativa de los beneficios generados por la cadena productiva. “No queremos privilegios. Queremos producir y comercializar en condiciones justas”, resumió.
Otro de los temas que preocupa al sector es la situación generada en torno a las quemas utilizadas durante la cosecha semimecanizada. Vega explicó que se trata de una práctica histórica que forma parte del proceso productivo de los pequeños productores. Si bien reconoció la necesidad de avanzar hacia métodos más sustentables, consideró necesario implementar una transición gradual. “Sabemos que hay una problemática ambiental y entendemos que hay que buscar soluciones. Lo que planteamos es que debe existir un proceso de adaptación que contemple la realidad de miles de familias que viven de esta actividad”, sostuvo.
Finalmente, el dirigente remarcó que uno de los desafíos más importantes es recuperar la participación y la unidad dentro del sector. “El productor tiene que involucrarse, opinar y participar. Entre todos debemos encontrar una salida a esta situación”, expresó.
A pesar de las dificultades, Vega destacó que la organización sigue trabajando para sostener la actividad y defender a los pequeños productores. “La idea es que se conozca nuestra realidad y cómo vivimos quienes producimos. Creemos que visibilizar estos problemas es el primer paso para encontrar soluciones”, concluyó.
Fuente: Elaboración propia a partir de entrevista realizada en el programa Nada está dicho, en AgenHoy Radio (Florencio Varela, Buenos Aires).
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