
La producción de miel atraviesa un escenario complejo. Al aumento de los costos de los insumos, el combustible y los medicamentos se suma un precio de venta que, según describió Elio Casal, presidente de la Cooperativa Apícola Qualitas Ltda., no acompaña la evolución de los gastos. Frente a este contexto, 14 productores de Mar del Plata sostienen una estrategia basada en el trabajo colectivo, la calidad y la diferenciación de su producto.
“Fundamentalmente nosotros tenemos el espíritu cooperativo por una necesidad. Hay que mejorar la rentabilidad y estamos convencidos de que lo podemos lograr colectivamente, no individualmente”, explicó Casal. Entre todos, reúnen unas 4.000 a 4.500 colmenas y producen entre 12.000 y 15.000 kilos de miel por año, equivalentes a unos 400 tambores de aproximadamente 300 kilos. La cantidad de colmenas varía entre los integrantes: algunos cuentan con alrededor de 100, mientras que otros llegan a 800 o 900. La organización también permite compartir infraestructura. Cuentan con una sala de extracción y fraccionado comunitaria y, desde hace algunos años, producen y estampan su propia cera de opérculo.
Uno de los ejes del trabajo es preservar las características naturales de la miel. Casal explicó que, luego de la extracción, el producto puede comercializarse a granel o fraccionarse y que el único proceso industrial que realizan es el cremado, destinado a romper los cristales que se forman durante la cristalización. “No hay ningún tipo de agregado de nada. Es un producto 100% natural”, sostuvo Casal. La producción también busca diferenciarse a partir de las buenas prácticas. El grupo comenzó su recorrido como parte de un programa de Cambio Rural y trabajó sobre pautas vinculadas al manejo de las colmenas y al uso de productos aprobados.
Para Casal, uno de los desafíos es demostrar esa pureza frente a un mercado donde circulan productos adulterados. “Lo que garantizás es que el producto sea 100% natural. Eso es lo que hoy sería nuestra dificultad de mostrar”, señaló. En ese sentido, recordó una experiencia con compradores de Bélgica que visitaron el establecimiento y solicitaron ir hasta el campo para tomar muestras directamente de los panales, con el objetivo de comprobar que la miel comercializada a granel correspondiera efectivamente con la producción.
La cera de opérculo surge cuando las abejas sellan las celdas que contienen la miel una vez que esta alcanza el nivel de humedad adecuado. Durante la extracción, esa capa de cera se retira y se recupera para volver a utilizarla. En el establecimiento, el opérculo pasa por un proceso que permite obtener un pellet de cera que luego es fundido y estampado para fabricar nuevas láminas. “Esa cera es 100% natural, es virgen y no tiene ningún tipo de agregado. La fundimos y la estampamos y, una vez que la estampamos, la volvemos a usar en la colmena”, explicó Casal.
El procedimiento permite mantener un circuito propio y controlar la calidad del material que vuelve a las colmenas.
El escenario económico es uno de los principales problemas para quienes producen miel. Casal tomó como referencia el precio que recibían en 2010: alrededor de tres dólares por kilo. Actualmente, señaló, el valor no llega a dos dólares, mientras que los costos de producción aumentaron. “Es caro poder producir en estas condiciones y no tenés una rentabilidad”, afirmó.
A esto se suma una particularidad de la actividad: los apicultores necesitan disponer de capital para comprar colmenas, movilidad, medicamentos y otros insumos, además de contar con campos donde instalar las colmenas. Según Casal, en muchos casos son los propios productores quienes deben pagar para colocar sus colmenas en los campos, pese al beneficio que la polinización genera sobre los cultivos. “La Argentina es uno de los pocos países del mundo donde los agricultores le tenemos que pagar para ir a poner las colmenas”, cuestionó. Otro de los desafíos está relacionado con el modelo productivo. El avance de determinados cultivos y el uso de agroquímicos pueden afectar a las abejas y, por lo tanto, a la actividad apícola.
Argentina ocupa un lugar destacado en la producción mundial de miel, pero el consumo interno continúa siendo bajo. Casal señaló que aproximadamente el 95% de la producción se exporta y consideró que todavía falta instalar culturalmente a la miel como un alimento de consumo habitual.
“Argentina no es un gran consumidor de miel. Todo lo que producimos, el 95%, se exporta”, explicó. Desde la Federación de Cooperativas Apícolas (FECOAP) también participan de acciones destinadas a difundir el producto. Entre ellas, mencionó actividades en escuelas, charlas y materiales para acercar la miel a nuevos consumidores. Para Casal, es necesario continuar trabajando en esa dirección para que el consumidor pueda reconocer las características y el valor de un producto natural.
Fuente: Elaboración propia a partir de entrevista realizada en Radio Los Toldos (Los Toldos, Buenos Aires).
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