Proyectan tener una cerveza 100% artesanal

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El desarrollo de plantaciones de lúpulo, toda una noticia para la provincia de Santa Fe.

La Colonizadora Argentina Cooperativa Limitada de Provisión de Servicios para Hijos de Productores Agropecuarios, Productores Minifundistas y Técnicos Agrarios fue fundada en 1981 para dar acceso a tierras a hijos e hijas de productores y técnicos agrarios. Durante muchos años estuvo dormida y resurgió a partir de 2016 para fomentar arraigo, que los productores no dejen de serlo y agregar valor. Desde miel en San Genaro y Aloe en Frontera hasta el lúpulo en Casalegno.

La actividad de plantaciones de lúpulo se está ensayando en la localidad de Casalegno desde hace tiempo, en dos predios donde se experimenta para encontrar la o las variedades que mejor se adapten al clima y el suelo, tan distintos a los de la Comarca Andina, la principal zona para este cultivo en el país.

Pero detrás de la noticia sobre la implantación de este insumo esencial en la elaboración de la cerveza en la tierra del trigo, maíz, soja, sorgo y la alfalfa, hay una historia detrás de la historia para rescatar. Y es la de la Cooperativa Colonizadora, una de las patas fuertes de ese proyecto.

Colonizadora Cooperativa Argentina Limitada de Provisión de Servicios para Hijos de Productores Agropecuarios, Productores Minifundistas y Técnicos Agrarios –”La Colonizadora”, para las amistades– cumplirá 40 años en diciembre.

Nació en 1981 a instancias de Juventud Federada de Federación Agraria Argentina, que promovió la creación de una Cooperativa de colonización y arraigo que gestione tierras, sean privadas o estatales, para destinarlas a la producción agraria.

Veían que había tierras ociosas y había personal apto para hacer la tarea; y que el país hacía 40 años no expandía la frontera agropecuaria más allá de las 20 millones de hectáreas sembradas (hoy son 37 millones).

Mientras tanto las nuevas generaciones, es decir hijos e hijas de productores y juventud agraria, sumados a pequeños productores que ya vivían en parcelas pero no tenían la propiedad, necesitaban independizarse y querían trabajar. Por eso los impulsores de la Colonizadora pensaron en una Cooperativa dedicada a proveer de tierra y capital de explotación (que se pensaba en co-propiedad).

Alfonsín y las tierras del Ejército

Con el retorno de la democracia, directivos de la Cooperativa y dirigentes de Federación Agraria le plantearon al entonces presidente Alfonsín subdividir las tierras ociosas que manejaba el Ejército a través de Cooperativas como la Colonizadora, y que pasaran a manos de pequeños productores para hacerlas productivas.

Además de hijos de productores, pensaban en aquellos que ya estaban asentados como personal civil en tierras militares y que asistían al Ejército como puesteros, arrieros, entre otros dedicados a los trabajos agropecuarios. La idea era que esos predios, varios en zona de frontera, pasaran a ellos y a otros productores que quisieran arraigarse. Sin embargo, esas ideas prosperaron sólo en algunos casos.

La primera propuesta fue con las tierras de la estancia Pulmari, en Neuquén, unas 68.000 hectáreas cordilleranas y limítrofes que Perón le compró a la familia inglesa propietaria para Parques Nacionales y luego fueron transferidas al Ejército, que las utilizaba para la remonta, en especial de mulas.

La Cooperativa propuso “un proyecto virtuoso por el cual esas tierras ociosas pasaran a productores, incluso los que vivían dentro del área, pero la provincia de Neuquén se negó y eso quedó como una situación conflictiva irresuelta a partir de un oportunismo político del gobierno provincial”, recuerda el miembro de la Cooperativa y presidente de la filial Aluminé de la Federación Agraria Argentina (FAA), Fernando Müller.

En 1988, Neuquén encontró la oportunidad para crear la Corporación Interestatal Pulmari junto con Nación. Cuando se le pregunta a Müller, de 58 años, por qué la negativa de la provincia, sostiene que “lo que más afectó a la Colonizadora no fue tanto la resistencia del Ejército sino un tema de negociación política, porque cada provincia empezó a querer tener decisión o proyectos propios sobre las nacionales.

En el caso de Neuquén, ahora vemos que el tema era Vaca Muerta, porque el potencial de esa zona ya se conocía desde los tiempos de Frondizi. Por eso la estrategia del Movimiento Popular Neuquino, que siempre fue gobierno, pasó por no entregar los títulos de propiedad”.

Otro de los proyectos fundacionales fue la colonización de áreas bajo riego en 25 de Mayo, en el oeste de La Pampa, con chacras que iban directamente a manos de productores a pagar en muchos años. Sin embargo, con el tiempo los vaivenes de la economía y de producciones regionales como la fruta llevaron al abandono y sólo un puñado de productores continúa.

Después de esos cinco o seis años iniciales, la Cooperativa redujo sus actividades, un poco por las dificultades que se presentaron en los proyectos y por falta de recambio generacional.

La Cooperativa nunca fue dada de baja y todo lo referido a la personería jurídica se mantuvo al día. Aún con poca actividad, siempre quedó latente.

El secretario de la Colonizadora y productor de nueces, Enzo Alessi de 37 años recuerda: “Entre 2010 y 2016 directamente los balances eran cero. Nos reuníamos una vez al año, decíamos ‘bueno, que hacemos con esto?’ y decidíamos mantenerla”.

La historia cambió en 2016 cuando la Cooperativa volvió a impulsar proyectos. En La Pampa recobró protagonismo de la mano del proyecto para recuperar un centenar de chacras basado en un modelo de producción mixta y en conjunto con el Ente Río Colorado, la Municipalidad de 25 de Mayo, el INTA y la Universidad Pública. Unas 15 chacras de un promedio 20 hectáreas cada una ya están funcionando.

También en Santa Fe, donde tuvieron un aliado importante, que había pasado por las filas de Federación Agraria y conocía la experiencia de la Colonizadora: el entonces ministro de la Producción, Luis Contigiani.

La Cooperativa gestionó subsidios y empezó a moverse. De ahí surgieron convenios de capacitación para hacer o mejorar quintas y crianza de gallinas y vacas, manejo de computación, uso de herramientas, como en el caso de la comunidad Qom de Recreo.

Macri y las tierras del Ejército

En 2017, el nombre de Colonizadora volvió a circular por los despachos del Estado nacional. Enterados de que el gobierno de Mauricio Macri remataría campos del Ejército en desuso, solicitaron audiencia con las autoridades de la Agencia Administradora de Bienes del Estado (AABE).

“Cuando descubrimos las licitaciones de tierras del Ejército desde el gobierno de Macri, intentamos participar de licitaciones en Córdoba, Entre Ríos, Corrientes y Mendoza. Terminamos con acciones gremiales denunciando que en ningún caso se contemplaba la participación de productores pequeños, ni siquiera los que ya estaban adentro, las vendieron así como estaban. Estaban negociando con grandes productores, algunos de los cuales ya arrendaban esas tierras”, recuerda Müller.

Uno de esos campos era el de General Ordóñez, en el sur de Córdoba. El afán de remate de propiedades del macrismo no tuvo oídos para escuchar sobre proyectos que favorecieran diversificación de producción o trabajo agrario a escala familiar, que favorecieran el arraigo y respaldados por modelos cooperativos.

Qué es y dónde está La Colonizadora hoy

Fernando Müller dice que “la Cooperativa trabaja en agregado de valor, no sólo producción primaria. Por ejemplo, si son productores chiveros, profundizar el potencial para hilados y que la carne llegue a la carnicería con el mayor proceso posible”. Y agrega: “En todos los proyectos buscamos hacemos gestiones asociativas con el INTA, el INTI, universidades, gobiernos”.

La Colonizadora en la actualidad está presente en Ñorquinco, Neuquén, donde los y las asociadas desarrollan técnica de manejo ganadero con bosque integrado. En Pergamino asiste a productores chicos, reafirmando una producción de rotación de cultivos con pastizales y ganado mixto.

En Santa Fe, la Cooperativa trabaja en varios proyectos. En Frontera, en el centro-oeste provincial, con agente de la producción de aloe, a quienes asiste para desarrollar todo el potencial de esa planta, regularizar la producción y así poder conseguir mejor comercialización y precio.

En el departamento 9 de Julio, en el norte, realizó un proyecto financiado por el Consejo Federal de Inversiones (CFI) e impulsado por la provincia y en conjunto con Inta para desarrollar una marca de origen en las carnes vacunas producidas en los Bajos Submeridionales.

Hay planes a partir de los contactos con la primera estación experimental de cáñamo del Inta, en Reconquista, donde se investiga sobre las canabáceas y su amplio potencial para la industria textil, aceites, cosméticos, uso medicinal y uso recreativo. Colonizadora está en trámite de inscripción en el registro de productores para ser parte de los ensayos.

El proyecto más desarrollado es el de la producción de miel en la zona de San Genaro donde hay unas 200 personas que trabajan en apicultura.

“Había mucho para hacer en materia de homogeneización de la miel para poder comercializar; se acondicionó una planta de extracción y envasado en envases más pequeños, para dar mayor valor agregado. La Cooperativa financia al productor la preparación del ciclo productivo y cuando éste cosecha lo devuelve con miel. Este círculo permite que el apicultor formalice la producción, con un estándar de calidad, un producto homogéneo con trazabilidad, que se puede comercializar mejor”, explica Alessi.

Espuma 100% santafesina

La posibilidad de desarrollar el cultivo de lúpulo en Casalegno surgió mientras la Cooperativa trabajaba en San Genaro. Es ahí donde integrantes de Colonizadora toman conocimiento de que en la localidad cercana había un productor que experimentaba con una plantación de lúpulo en un terreno de su propiedad.

La experiencia para producir este insumo clave para la elaboración de cerveza, que históricamente se cultivó en la zona de la Comarca Andina en la precordillera chubutense, tomó impulso a partir de 2019.

Se está desarrollando, como en todos los casos, bajo un modelo de gestión asociativa del que participan la comuna de Casalegno, la Cooperativa de la vecina Bernardo de Irigoyen, la Mutual del club Sportivo Rivadavia de San Genaro (involucrada también en abejas y ovejas en esa ciudad) y la Colonizadora.

Müller cuenta que la Cooperativa se encargó de todo lo referido a gestiones, capacitación y soporte técnico del proyecto. Contactaron al economista de la estación experimental Inta de Bariloche, Leonardo Claks , que trabajó en el desarrollo de la cerveza 100% artesanal de Patagonia.

También al considerado el mayor experto en lúpulo del país, Hernán Testa, y al director del Vivero Humus en El Bolsón, de donde se trajeron los rizomas de las plantas con las que se está experimentando, Emilio Riadigos.

El proyecto está en marcha con buenas expectativas para la próxima primavera, tras los problemas que el año pasado generó la pandemia. Con toda la información que aporten los ensayos con distintas variedades en dos terrenos diferentes, se espera en 2022 poder empezar a producir a escala. Según Müller, hasta ahora “los resultados fueron muy buenos, con un lúpulo muy parecido a los que se traen de otros lados o importados”.

Esos análisis sobre la producción experimental se realizan en el laboratorio de la Cervecería Santa Fe. La tradicional fábrica, hoy en manos de capitales chilenos, se interiorizó en el proyecto y colabora casi como una apuesta a futuro ante la posibilidad de contar con un insumo clave cerca de su planta industrial.

El paso siguiente es el desarrollo de la etapa de post-cosecha que tiene sus particularidades técnicas, en lo referido a secado, envasado al vacío y logística. “La idea es darle a los productores el conocimiento alcanzado con la experimentación para que desarrollen el cultivo en lotes propios, y que al cosechar entreguen la producción a la Cooperativa para colocarla a través de los convenios con productores de cerveza artesanal de la zona y ojalá también con la Cervecería Santa Fe, que está interesada”, cuenta Enzo Alessi.

En todo este proceso son necesarios recursos económicos. “Hasta el momento se avanzó con fondos propios de la Cooperativa para la compra de postes y alambres, las bombas con paneles solares para riego, entre otras. Y hay mucho apoyo de la comuna de Casalegno, que reunió un grupo de jóvenes y adultos que lleva más de un año de esfuerzo en las tareas”, afirma Müller, para quien “desde el punto de vista económico es viable y puede generar arraigo en localidades que sufren procesos de desgranamiento poblacional”.

Además están a la espera de un aporte no reintegrable prometido por la provincia de un millón de pesos; un préstamo a través del programa Argentina Crédito para para la línea de riego, y gestiones ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (Inaes) para consolidar el ensayo, que en total abarca ocho especies de lúpulos.

Otro modelo

Con renovada actividad, la Cooperativa Colonizadora hace honor a la leyenda del ave fénix. Está de nuevo apostando por el asociativismo y a la producción diversificada. Una propuesta alternativa al agronegocio y al monocultivo como método uniforme de producción agropecuaria, rescatando actividades relegadas que ayuden a pequeños y medianos productores a seguir haciendo.

“Hoy no están las condiciones para discutir acceso a tierras como fue en los orígenes de la Cooperativa, pero podemos trabajar sobre el arraigo, valor agregado de la producción, formalidad de los procesos para estar en las góndolas”, resume Fernando Müller.

Fuente: Aire Digital.

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