
La producción apícola encuentra en los montes nativos del noroeste cordobés un ambiente propicio para el desarrollo de las colmenas. Así nació, en 2004, la Cooperativa Apícola de Ischilín – Córdoba Ltda., conocida como Coapis Ltda., integrada actualmente por alrededor de 43 productores y unas 5.500 colmenas.
“Nosotros nacimos en el año 2004, con un grupo de productores de la zona. Presentamos un proyecto municipal y a la provincia y, si nos conformábamos como una cooperativa, se obtuvieron fondos para financiar una sala de extracción”, explicó Gabriel Eduardo Cossutta.
El proyecto permitió concretar uno de los principales objetivos de los productores de la región y contó con financiamiento de cooperación italiana, canalizado a través de ONUDI, organismo de Naciones Unidas. La entidad tiene su sede en Deán Funes, ubicada a unos 120 kilómetros al norte de la capital provincial, sobre la Ruta Nacional 60, en dirección a Santiago del Estero. Se trata de una zona semiárida, con presencia de monte nativo, cercana a las Salinas Grandes y caracterizada por actividades como la ganadería y la producción apícola.
Las condiciones ambientales de la región permiten desarrollar una producción con características particulares. Según explicó el trabajador, algunos productores comenzaron a avanzar incluso hacia la certificación orgánica. “Estamos en una zona semiárida, donde no hay muchas precipitaciones y tenemos montes. Es un lugar muy apto para la producción apícola”, señaló.
En materia sanitaria, los productores utilizan tratamientos orgánicos para combatir la varroa, un ácaro que afecta a las abejas y puede provocar la pérdida de las colmenas si no es controlado.
Cossutta explicó que años atrás se utilizaban productos químicos que podían dejar residuos y generar problemas en la calidad de la miel. Frente a esa situación, desarrollos impulsados desde universidades y el INTA permitieron avanzar en alternativas basadas en ácido oxálico.
La zona también ofrece una diversidad floral que se refleja en las características de la producción. Entre las variedades se encuentran mieles de algarrobo, mistol y diferentes multiflorales de monte.
Actualmente, los productores de la zona cuentan con unas 5.500 colmenas. Se trata de explotaciones de distintas escalas: algunos manejan entre 50 y 100 colmenas, otros entre 200 y 300, mientras que son pocos los que alcanzan las 400.
El rendimiento promedio actual ronda los 30 kilogramos de miel por colmena, aunque los registros históricos fueron superiores.
“Hay años que son mejores y años peores. Hemos llegado a tener cosechas de 60 kilos, pero últimamente estamos en 20 o 30 kilos de media”, indicó.
Entre las razones de esta disminución ubicó los cambios en las condiciones climáticas. La escasez de lluvias y las elevadas temperaturas afectan el comportamiento de las abejas y las condiciones de las colmenas. “Con la escasez de lluvia y las elevadas temperaturas, la abeja tiene que estar mucho más tiempo ventilando y manteniendo la temperatura en la colmena”, explicó.
A esto se suma la transformación del territorio y el avance de determinadas actividades productivas, que reducen los espacios de monte disponibles. Para el cooperativista, cuidar a las abejas resulta fundamental por su papel en la polinización y su impacto sobre la producción de alimentos.
Uno de los cambios que atravesó la producción durante las últimas décadas fue la posibilidad de diferenciar las distintas variedades de miel. Cossutta recordó que, en los comienzos, los productores realizaban una única cosecha y mezclaban los diferentes tipos de miel. Con asistencia técnica de productores provenientes de Italia, comenzaron a trabajar en la identificación y separación de las mieles según su origen floral.
“Se avanzó muchísimo. Hoy estamos en un proyecto con otras cooperativas”, destacó.
La entidad comercializa su producción bajo la marca Miel La Posta, vinculada a la identidad de la zona de las Postas de Algarrobo. El trabajo sobre las características de cada miel permitió, además, avanzar en una iniciativa conjunta con otras entidades de la región.
Productores de distintas localidades conformaron un consorcio para trabajar en una indicación geográfica que permita identificar y diferenciar las mieles provenientes del arco noroeste de montes nativos. En el proyecto participan entidades de Cruz del Eje, Villa de Soto y San Marcos Sierras, además de los productores vinculados a Coapis Ltda.
La propuesta se comercializa bajo el nombre Puro Monte y apunta a posicionar una miel de mayor calidad y con identidad territorial. “Estamos trabajando con una miel que se llama Puro Monte, que es de todas las cooperativas y está más enfocada en una miel de alta calidad”, explicó.
El proyecto contempla tres variedades de algarrobo monofloral, una de mistol monofloral y dos variedades multiflorales, correspondientes a monte de sierra y de llano. Para desarrollar la propuesta se trabajó durante años junto a palinólogas, universidades e INTA, con el objetivo de identificar las características de las mieles y avanzar en su diferenciación. Actualmente, uno de los desafíos es consolidar la comercialización y avanzar hacia la posibilidad de exportar el producto fraccionado, de manera que una mayor parte del valor generado quede en manos de los productores.
Argentina se encuentra entre los principales países productores y exportadores de miel, aunque gran parte de la producción se comercializa a granel y tiene como destino mercados internacionales. Según destacó Cossutta, los grandes acopiadores suelen informar que la miel producida en la región termina principalmente en Estados Unidos, Alemania y otros mercados europeos. Frente a este escenario, considera necesario fortalecer el consumo interno y comunicar mejor las características y posibilidades de la miel como alimento. “Siempre hemos considerado la miel como un producto para el dolor de garganta, para los resfríos, y no se avanzó tanto en la parte gourmet, en la importancia como alimento”, planteó. Para el productor, también existe una cuestión cultural: en otros países el consumo por habitante es mayor y la miel ocupa un lugar más importante en la alimentación cotidiana.
El consumo interno, de todos modos, experimentó cambios en los últimos años. El productor atribuye parte de este crecimiento a la circulación de información a través de las redes sociales y a una mayor difusión de los beneficios y variedades de los productos de la colmena.
La miel representa la mayor parte de la producción, aunque algunos integrantes también trabajan con polen. La diversidad de especies florales presentes en el monte permite obtener un producto con distintas características.
Fuente: Elaboración propia a partir de entrevista realizada en Radio Los Toldos (Los Toldos, Buenos Aires).
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