Nadia Echazú fabrica y capacita en nuevos sueños

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La Escuela Cooperativa Textil de Trabajo para Travestis y Trans Nadie Echazú es la primera empresa social gestionada y administrada por travestis, fue creada por Lohana Berkins en 2008.

El nombre de la Cooperativa de Trabajo Nadia Echazu Ltda. recuerda a una gran activista y luchadora por los derechos de travestis y trans, al igual que lo fue Lohana. Es una empresa textil que promueve la integración social y tiene una faceta educativa, porque brinda capacitación en costura a todas las ingresantes El primer logro de Berkins fue conseguir una casa amplia de dos plantas en el barrio Crucecita, en Avellaneda.

Al momento de su inauguración, en junio 2008, contaba con 22 trabajadoras y en este momento son 65. Realizan sublimado, estampado, serigrafía y producción de guardapolvos. En 2009 las costureras de la cooperativa cumplieron un sueño: lanzarse en la confección de alta costura y organizar un desfile en el Hotel Bauen. “Algunas compañeras desfilaron como modelos con los vestidos que hicimos acá, cinco vestidos de alta costura, fue lo más lindo, una noche maravillosa donde pudimos mostrar la creatividad que tenemos”, rememora Brisa, socia fundadora y actual presidenta. Su cartera de clientes está formada por privados y públicos, sin embargo, durante el gobierno de Cambiemos la línea de producción se cortó.

“Después de pasar por acá muchas compañeras abrieron su propia peluquería, hacen bordados, trabajan para otros diseñadores, otras están estudiando, la mayoría de las que pasaron por acá no volvieron a la calle y eso es uno de los grandes logros, demostramos que se puede salir adelante. Ahora somos menos y estamos visitando otras entidades, universidades y cooperativas para que se sumen más chicas”, aporta Gloria, otra socia fundadora.

“Si bien es una cooperativa de chicas trans la finalidad era también que se pueda trabajar conjuntamente para contrarrestar la marginación, demostrar a la sociedad que no hay nada malo en ser trans. Entonces se decidió incluir a mujeres para que una ama de casa, una lesbiana, sin distinción pueda trabajar”, explica.

La discriminación produce una exclusión inmensa, “la mayoría de las que pasaron por acá no volvieron a la calle y eso es uno de los grandes logros, demostramos que se puede salir adelante”. Para muchas de ellas es su primer trabajo, también constituye una salida dignificadora para quienes sufren violencia de género.

“Las puertas de la cooperativa están abiertas para todas aquellas que quieran venir a capacitarse, a trabajar, a tener un sueldo digno y a cambiar sus vidas. Si no quieren venir acá, lo más importante que tienen que hacer es estudiar, porque estudiando llegas a todos lados. Yo pude estudiar, pero no tuve oportunidad. Ahora es un poco más fácil porque hay espacios para las chicas trans. Antes no había nada de eso. Hay un pequeño cambio, no el cambio que nosotras quisiéramos: aún falta. Por eso hay que seguir empujando”, concluye Brisa.

Fuente: Revista Cítrica.

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