Empleadas despedidas de una textil se unieron y conformaron una cooperativa

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Luego que la fábrica cerró sus puertas el año pasado las trabajadoras decidieron agruparse y darle continuidad a un proyecto textil.

Un grupo de mujeres de la ex fábrica Tileye , que confeccionaba ropa interior de la marca Eyelit, al comienzo resistió el año pasado la desaparición de su fuente de trabajo con un acampe en las puertas del desaparecido establecimiento en ruta nº 33 en Sumalao, Catamarca. Hace un mes atrás decidieron conformar una cooperativa.

Aquella resistencia fue clave para que siete de las integrantes decidieran cómo seguir trabajando. Hace pocos días, desde las instalaciones de la Cooperativa Textil San Fernando del Valle, entregaron el primer pedido de prendas de vestir, mientras se capacitan para aprender nuevas técnicas y avanzar con este emprendimiento.

Antonia Cabrera, ex obrera de Tileye, y sus compañeras de trabajo no aceptaron el acuerdo propuesto por la empresa y con el apoyo de sus familias comenzaron a golpear puertas y “se abrieron varias”, contaron.

“En principio nosotras no sabíamos nada, porque hace más de 25 años que estábamos adentro de una fábrica trabajando y no teníamos noción de cómo se conforma una cooperativa o quién nos podía ayudar. Encontramos buenas personas en el camino y nos dieron una mano; gestionaron que nos presten este lugar donde tenemos las máquinas y desde el Ministerio de Producción (provincial) nos dieron un subsidio para comprar la materia prima. Mientras, nos encargaron de Desarrollo Social camperas para un programa y ya estamos entregando el primer pedido. Para nosotros es un logro, pero no podríamos haber seguido sin nuestro pilar, que son nuestras familias”, reconocieron.

Las mujeres recordaron que luego de ser despedidas no se resignaban a quedar sin trabajo, sobre todo por ser sostén de sus hogares y por haber dedicado su vida a las máquinas textiles y a la fábrica que las dejó en la calle.

“Nosotras somos mujeres de trabajo, no nos íbamos a rendir y nos organizamos y aquí estamos pensando nuestro próximo paso, que es confeccionar talles grandes para mujeres como nosotras. Por ahora nos ayudan nuestras familias y amigos que nos piden prendas, pero más adelante pensamos tener nuestro propio taller, vender las prendas en un local y estar constituidas como dice la ley. Sabemos que tendremos que dejar estas instalaciones que nos prestan”, reconoció Ofelia.

También agradecieron a los que fueron a las instalaciones que ocupan hoy para ayudarlas a realizar compras, o para transmitirles sus conocimientos, como ser algunas modistas, ya que en la fábrica tenían tareas asignadas. Como anécdota relataron que el primer pedido fue de camperas para Desarrollo Social y que tenían dudas de cómo hacerlas, hasta que hubo gente que les explicó la técnica a pesar de que todas, con 25 años de trabajo, conocen el oficio y cómo usar las máquinas industriales. Se capacitan en el Centro de Formación N° 1 en el taller de Costura Industrial y Moldería Industrial.

Las ex operarias aún no decidieron el nombre de la cooperativa textil, pero contaron que lo definirán entre todas. Finalmente, agradecieron a los integrantes de la Cooperativa San Fernando, ubicada en el barrio Eva Perón, que a pesar de estar en crisis las recibieron y comparten el inmueble con el grupo.

Más de 50 despidos

En noviembre del año pasado, la textil Tileye envió el telegrama de despido a sus más de 50 operarios, luego que regresaran del “adelanto de vacaciones” que les habían otorgado. Desde la gerencia de la firma informaron que el cierre obedeció a la baja de las ventas en el país y la comercialización de indumentaria extranjera. Después de varios días de incertidumbre y lucha, un grupo de despedidos comenzó a acampar en las puertas de la fábrica. Luego, el Gobierno provincial ofreció beneficios para que la empresa se quedara, pero no los aceptaron.

Fuente: El Ancasti.

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