Responsabilidad empresarial y balance social cooperativo

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La capacidad de una empresa para escuchar, comprender y satisfacer las expectativas genuinas del entorno es, en la actualidad, un factor de relevancia.

Las cooperativas, dada su naturaleza solidaria, tienen una apreciable ventaja cualitativa en esos aspectos, de impacto e intensidad verificable mediante la instrumentación de una herramienta específica: el balance social.

Diversos criterios han sido insinuados al momento de definir la responsabilidad social empresarial; no obstante, existen denominadores conceptuales comunes en el grueso de las opiniones. La generalidad estima que aquélla está configurada por el cúmulo de determinaciones que adoptan las firmas sobrepasando sus obligaciones legales, impulsando la implementación de procedimientos y programas que inciden positivamente en la gente e incorporando el respeto por valores éticos, por las personas, por la comunidad y por el medio ambiente en el que desarrollan sus actividades.

Para las compañías comerciales que tienen por propósito primordial la maximización del lucro, está claro que ser socialmente responsables no implica desestimar la importancia de la generación de ganancias; la obtención de rentabilidad mediante su actividad es la razón de ser que las distingue, justamente, de otros tipos de organizaciones.

En el marco de la polémica, surge la disyuntiva acerca de si esta novedosa actitud de compromiso es por convencimiento o por conveniencia, puesto que puede ser utilizada como una estrategia de mercadeo que lleva consigo un análisis pormenorizado de los resultados que la acción comunitaria producirá en beneficio directo de la empresa, en lugar de la priorización del objetivo del bienestar social.

Sobre la base de ese concepto, si hacemos referencia a una tipología de empresa -específicamente, a las cooperativas-, la incumbencia medioambiental y colectiva emerge de un modo manifiesto. Se revela en forma inherente a su identidad y a su dinámica de funcionamiento, porque son entidades afirmadas en principios de equidad, democracia y ayuda mutua que se establecen y prosperan sobre idearios consustancialmente vinculados con una gestión socialmente responsable.

Si dirigimos la mirada a las cooperativas que prestan servicios públicos en el interior de nuestra provincia, se aprecia que, en razón de haber sido erigidas por las mismas comunidades que las albergan y ser parte de ellas, la práctica de acciones ligadas a una mejora del ambiente humano en el que se desarrollan, la conducta de sus dirigentes, las pautas éticas en el ejercicio de la actividad y la transparencia de sus valores constituyen, precisamente, el genoma cooperativo. En otras palabras, son por y en sí mismas socialmente responsables.

Medición
Asimismo, su contribución encaminada al mejoramiento social cuenta con un instrumento de medición: los informes o balances sociales, mediante los cuales las firmas pueden corroborar y evaluar de modo fehaciente sus acciones socialmente comprometidas. Los balances sociales configuran la herramienta mediante la cual se recoge, procesa y sistematiza toda la información de contenido social producto de las actividades de las empresas.

Este dispositivo de gestión, por sí sólo, no puede transformar una empresa. Sin embargo, aplicado en un ambiente favorable, constituye un elemento de enorme utilidad para la toma de decisiones comunitarias libremente asumidas; especialmente para las cooperativas.

Hacer referencia pormenorizada a las distribuidoras de prestaciones indispensables tales como electricidad, agua, saneamiento y telecomunicaciones, significa un recurso de estimación de incidencia socioeconómica más que provechoso que, aunque no es obligatorio, sí es recomendable, ya que posibilita visibilizar lo intangible de los servicios, cuantificar lo cualitativo de la prestación cooperativa, resaltando el carácter asociativo de la entidad, con la apertura y la probidad que estos matices representativos entrañan.

La experiencia sugiere que a partir de su implementación, los distintos espacios del organigrama funcional aumentan su interacción en la medida en que la información obtenida permite un mayor conocimiento y propicia generar un elemento de diálogo y concertación, facilitando en la práctica la consecución de una política integradora.

El examen que propone el balance social cooperativo va acompañado de una interpretación de los indicadores inferidos; de lo contrario, sería un relevamiento aislado, sin coherencia con la misión de la entidad y desvinculado de los siete principios directrices del movimiento que orienta el sentido de existencia de este género particular de empresa privada.

Fuente: Comercio y Justicia (Córdoba), editado por Comercio y Justicia Editores Cooperativa de Trabajo Limitada, asociada a la Federación Fadiccra.

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